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lunes, 23 de septiembre de 2013

Orden Real y Militar de Ntra. Sra. de la Merced de Osuna.

El 24 de septiembre la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos celebra la fiesta de su patrona. El establecimiento de esta orden en Osuna, se debe al patrocinio de las esposas del III y IV Duques de Osuna: doña Catalina Enríquez de Ribera Cortés de Zúñiga, III Duquesa, para los frailes mercedarios en torno a 1609, y doña María Isabel de Sandoval y Padilla, IV Duquesa, para las monjas mercedarias en 1624. En nuestros días, permanece la comunidad de madres mercedarias descalzas en su convento titulado De la Encarnación de Nuestro Señor y Nuestra Señora de Trapani, vulgo Las Descalzas.
 
Las circunstancias que rodearon la llegada de las monjas a nuestro pueblo fueron las siguientes[1]. Doña María Isabel de Sandoval contaba con una amiga íntima, Sor Mariana del Espíritu Santo, mercedaria descalza, a la que acudió buscando consejo y ayuda espiritual ante los problemas matrimoniales que le afectaban: no llegaba el ansiado primogénito y el Duque, Juan Téllez-Girón, tenía amoríos fuera del matrimonio. Con Sor Mariana del Espíritu Santo vivía Sor María de Jesús que, conociendo la desolación de la joven Duquesa de Osuna, prometió ofrecer al Señor toda su vida por la conversión del Duque y la llegada de un hijo. En ese momento, Doña Isabel hizo el voto de fundar en Osuna un convento de religiosas mercedarias descalzas, dando de los bienes de su dote lo necesario para fundarlo. El primogénito, Pedro, nació en Osuna en 1624, pero falleció a los 5 años. En 1625 nació Gaspar, futuro V Duque.
 Para la fundación del convento, el Duque donó las casas del antiguo Hospital de la Encarnación, en cuyo solar se construyó el convento actual a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Las primeras monjas en habitarlo fueron las propias Sor Mariana del Espíritu Santo y Sor María de Jesús, procedentes del convento de Lora del Río (el primer monasterio fundado por esta Orden en Andalucía). Posteriormente, Sor Mariana del Espíritu Santo desde el convento de Osuna mandó a tres religiosas para fundar el convento mercedario de Arcos de la Frontera en 1650. En 1665 salieron las hermanas para la fundación del monasterio de Góngora en Madrid.
Las monjas veneran a Nuestra Señora de la Merced en un retablo-hornacina de estilo barroco fechado hacia 1763 en el coro bajo. Se trata de una imagen de mediados del siglo XVIII para vestir, que cuenta talladas la cabeza con una larga cabellera hasta la mitad de la espalda, las manos y las piernas. Representa a la Virgen María de pie en posición frontal, con majestuoso porte a la vez que una dulce expresión en su rostro, con los párpados entornados y esbozando una leve sonrisa. Porta en su mano derecha un cetro y en la izquierda el escapulario mercedario. Cuenta con un riquísimo ajuar del que sobresalen las piezas de orfebrería[2] que conforman sus atributos. La corona es de plata sobredorada de 1771, con canasto del que parten cuatro imperiales que confluyen en un orbe culminado en una cruz latina. Se rodea de ráfaga lobulada trabajada a una cara con grupos de rayos plisados combinados con flores de diferentes tamaños. La ornamentación es de estilo barroco a base de elementos florales, vegetales, veneras, formas en C, etc. Está decorada con perlas, esmeraldas y amatistas. Un año después se ejecutó el escapulario, formado por dos piezas metálicas caladas unidas por dos largas cadenas, trabajados a una cara, con ornamentación barroca y decorada con perlas, brillantes, esmeraldas y amatistas. En él aparecen el escudo de la Merced y una S atravesada por un clavo, símbolo de los siervos de la Virgen. A juego, el escudo pectoral que representa al anagrama del Ave María, decorado también con perlas, esmeraldas, brillantes y rubíes. Sobre dicho anagrama hay un águila bicéfala y, de nuevo, el escudo de la Merced. Sus ropas, bordadas por las propias mercedarias descalzas, son igualmente ricas. Destaca por su singularidad un sombrero, de seda blanca bordado en hilo de plata, para vestir a la imagen siguiendo la iconografía de la Virgen de la Merced Peregrina de Quito.
El retablo mayor del templo lo preside la Virgen de la Merced Comendadora, tallada por el imaginero malagueño Fernando de Ortiz en 1764[3]. Llegó en 1880 procedente del Convento de la Merced, de padres mercedarios descalzos, por petición de las monjas tras la autorización del padre provincial Fray Miguel Rodrigo de los Dolores. Su iconografía representa el momento en que, según cuentan las crónicas, aún en vida del fundador San Pedro Nolasco, la Virgen y los ángeles se aparecieron en el coro del convento de Barcelona para rezar maitines porque los frailes se quedaron dormidos. De ahí, la postura sedente de la imagen en un rico sillón rococó, sosteniendo un libro de rezos en su mano izquierda, vestida con el hábito y escapulario blancos mercedarios y dos ángeles volanderos que le sostienen su corona. Se trata, por tanto, de una iconografía destinada al coro y no a un retablo mayor.
Antes de la llegada de la Virgen de la Merced Comendadora, las mercedarias descalzas ya contaban con una imagen de la misma iconografía. De pequeño formato, pues no alcanza los cincuenta centímetros, se vincula a la escuela granadina[4] y fue donada en 1753 por Sor María Josefa de San Cayetano. Se ubica en una de las salas de su museo dándole nombre, sala de la Comendadora. Las monjas le rendían culto procesionando con ella por el claustro y, en la actualidad, en el besamanos tras la Eucaristía que celebran cada 23 de septiembre a media noche, en la víspera de la festividad de la Virgen de la Merced.

Antonio Morón Carmona.


[1] Cano Manrique, F. Fundación en Osuna del Monasterio de la Encarnación de Trápana de Madres Mercedarias Descalzas (14 de noviembre de 1626). Madrid 2001.
[2] Sanz, M. J. “La orfebrería en el Monasterio de la Encarnación”. Archivo Hispalense. Sevilla: Exma. Diputación Provincial de Sevilla, 1980. Nº 190.
[3] Romero Torres, J. L. “El escultor Fernando Ortiz, Osuna y las canteras barrocas”. Cuaderno de los Amigos de los Museos. Osuna: Patronato de Arte: 2009. Nº 11.
[4] Patrimonio histórico mercedario, en la provincia de Sevilla. La Orden de la Merced en Andalucía (1203-1603-2003). Marchena, 2003.

viernes, 26 de julio de 2013

Festividad de Santa Ana

Ermita de Santa Ana (Osuna)
Santa Ana (del hebrero Hannah, gracia) es el nombre  que la tradición ha señalado para la madre de la Santísima Virgen.  Las fuentes son las mismas en el caso de San Joaquín. 

En Oriente, el Protoevangelio gozó de gran autoridad y de él se leían pasajes en las fiestas marianas entre los griegos, los coptos y los árabes. En Occidente, San Joaquín fue rechazado por los Padres de la Iglesia hasta que su contenido fue incorporado por San Jacobo de Vorágine a su Leyenda Áurea en el siglo XIII.

A partir de entonces, la historia de Santa Ana se divulgó en Occidente y tuvo un considerable desarrollo, hasta que Santa Ana llegó a convertirse en uno de los santos más populares también para los cristianos de rito latino.

En Nazaret vivía una pareja rica y piadosa, Joaquín y Ana. No tenían hijos. Cuando un día festivo Joaquín se presentó a ofrecer un sacrificio en el templo, fue arrojado de él por un tal Rubén, porque los varones sin descendencia eran indignos de ser admitidos.

Joaquín entonces, lleno de dolor, no regresó a su casa, sino que se dirigió a las montañas para manifestar su sentimiento a Dios en soledad. También Ana, puesta ya al tanto de la prolongada ausencia de su marido, dirigió lastimeras súplicas a Dios para que le levantara la maldición de la esterilidad, prometiendo dedicar el hijo a su servicio.

Sus plegarias fueron oídas; un ángel se presentó ante Ana y le dijo: "Ana, el Señor ha visto tus lágrimas; concebirás y darás a luz, y el fruto de tu seno será bendecido por todo el mundo". El ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió al lado de su esposa. Ana dio a luz una hija, a la que llamó Miriam.
Dado que esta narración parece reproducir el relato bíblico de la concepción del profeta Samuel, cuya madre también se llamaba Hannah, la sombra de la duda se proyecta hasta en el nombre de la madre de María.

Su fiesta se celebra en Oriente el 25 de julio, que podría ser el día de la dedicación de su primera iglesia en Constantinopla o el aniversario de la llegada de sus supuestas reliquias a esta ciudad (710). Los griegos conservan una fiesta común de San Joaquín y Santa Ana el 9 de septiembre.

Su fiesta, bajo la influencia de la Leyenda Áurea, se puede ya rastrear (26 de julio) en el siglo XIII, en Douai. Fue introducida en Inglaterra por Urbano VI el 21 de noviembre de 1378, y a partir de entonces se extendió a toda la Iglesia occidental. Pasó a la Iglesia Latina universal en 1584.

Santa Ana es patrona de las mujeres trabajadoras; se la representa con la Virgen María en su regazo, que también lleva en brazos al Niño Jesús. Es además la patrona de los mineros, que comparan a Cristo con el oro y con la plata a María.

Nuestra Villa Ducal cuenta con varias imágenes de Santa Ana y San Joaquín. La primera la encontramos en la Iglesia de San Carlos el Real, esta se encuentra junto a la Virgen del pilar, son imágenes de pequeño tamaño y procesionaban con la imagen de Ntra. Sra. del Rosario.

La segunda imagen se encuentra en los laterales del retablo de Ntra. Sra. de los Dolores de la Hermandad Servita en la iglesia de Ntra. Sra. de la Victoria.
La tercera y última se encuentra en las afueras de la población, en una zona apartada del centro, en la Ermita de Santa Ana, ubicación que a lo largo de su historia ha repercutido notablemente en el desarrollo del referido edificio.


Entre los elementos de culto de su interior señalamos los tres pequeños retablos-hornacinas policromados y dorados que dispone la capilla; en el principal, decorado con hojarascas, sevenera el grupo escultórico de Santa Ana y la Virgen, mientras que a los lados de la nave se localizan los altares de San Joaquín y San Miguel Arcángel, correspondiendo a la misma época de la construcción de la ermita. 

En un inventario del 22 de junio de 1746 se dice que todas las imágenes son de madera de ciprés y disponen los tres altares de otros tantos frontales de madera estofados de oro y ornamentados con motivos florales. 

Centrándonos en la imagen de la titular que se venera en el retablo principal hay que aclarar que en el inventario que hemos citado antes se describe a Santa Ana, la Virgen Niña y el Niño Jesús, si bien en la actualidad la imagen de Jesús no forma parte de este grupo escultórico, que aparece, al igual que nos relata el anterior documento, Santa Ana sentada sobre un sillón de madera dorada que se sitúa sobre una gran nube con cabezas de ángeles, llevando la imagen de Santa Ana diadema y la Virgen corona imperial, mientras el niño llevaba potencias, todo de plata.
Apuntes 2, Nº4 Noviembre 2004
Francisco Manuel Delgado Aboza

jueves, 6 de octubre de 2011

Santo Cristo de la Paz y Ntra. Sra. de Guía.


Santo Cristo de la Paz
 La voz cofrade de Osuna inaugura esta nueva sección de Devociones Olvidadas con el Santo Cristo de la Paz y Ntra. Sra. de Guía. Un pequeño artículo tomado de un ejemplar. Editado por la Fundación de Cultura “García Blanco” bajo la dirección de D. Francisco Ledesma Gámez; Archivero Municipal.

En la parte baja de la Calle Sor Ángela de la Cruz –antes Sevilla-, se encuentra el Convento del Espíritu Santo.
El establecimiento conventual está regentado hoy por las Hermanas de la Cruz, que vienen desarrollando en él su tarea asistencial desde hace más de medio siglo. Con anterioridad estuvo ocupado por una congregación de canónicos regulares del Espíritu Santo. La advocación no ha cambiado, como tampoco las labores sociales que siempre se desarrollaron allí.
La presencia de un grupo de terciarios franciscanos que  dispusieron  de un convento bajo el título de “Sancti Spíritus” extramuros en las inmediaciones de la localidad allá por 1395.
Vinculada con el establecimiento religioso, quizás desde sus inicios aparece la Cofradía del Espíritu Santo. Coincidiendo con el traslado del templo, los hermanos permutaron en 1615 la antigua capilla por otra que puso a su disposición la congregación en el entorno de nuevo recinto conventual.

En los escasos documentos conservados de la hermandad, se recoge que la presencia del prior de la comunidad en las reuniones del cabildo. Por otro lado, las imágenes de la Cofradía Nuestra Señora de Guía y el Cristo de la Paz, hoy del amor, ocupaban un lugar preeminente en la iglesia, llegando la virgen a alojarse en la hornacina central del retablo mayor.


Ntra. Sra de Guía.
 No hay constancia de su existencia con anterioridad a la permuta de la capilla  de comienzos del XVII, aunque para esas fechas ya debía estar constituida. Es posible, auque esto no es más una presunción, que desarrollo tuviese lugar en el último cuarto del siglo XVI. Un fenómeno observable también en el impulso que recibe la celebración de la Semana Santa. Por esas fechas, surgen con fuerza hermandades pasionales. Su implantación popular va en detrimento de las que estaban bajo la advocación de Santos, a pesar  de que el culto a estos últimos se ve favoreciendo con la Contrarreforma.

Del modelo de patronazgo  protagonizado por devotos particulares es también un buen ejemplo la archicofradía del Espíritu Santo. Nada se sabe sobre el Cristo de la Paz, una imagen de papelón de mediano mérito. Sin embargo, la documentación de Ntra. Sra. de Guía…

En Junio  de 1604,  Jerónimo de Pareja Aranda, clérigo Ursaonés, contrata con el escultor Juan de Mesa la talla de la Virgen de Guía, una obra en madera de álamo blanco, con el Niño Jesús en brazos… de vara y media de altura – aproximadamente un metro veinte centímetros- sin contar con la peana. Se trata de una Virgen de Candelero, preparada para ser vestida, que por su aspecto actual es difícil no fecharla en la segunda mitad del setecientos. Así la primera impresión  es que no se extrae solo por la observación de la encarnadura  o los ojos vidriados, que podrían responder a un adecuación posteriormente a los gustos de otros momentos, sino que atiende a la cláusula del contrato donde se estipula que la figura habría de ser completa de madera, de bulto redondo, y no únicamente la cabeza, las manos y los pies montando sobre un armazón.

Texto: Libro cuyo autor es D. Francisco Ledesma Gamez.(Archivero Municipal)